
El sutil alquimista transmuta en un instante en oro el pesado metal de los días.
Ibn al Farid (poeta sufí)
Sólo es un instante, sólo un pequeño trozo de tiempo. Si eres capaz de pasar la frontera que la mente y sus "quiero más" te pone por delante, puedes vivirlos. Son tan pequeños, tan efímeros y, a la vez, tan llenos de plenitud vital que te hacen viajar hasta el siguiente. Algunos piensan que para ser felices es necesario que ocurran grandes cosas, que podamos disfrutar de las vacaciones más caras y lujosas para ellos es importante trabajar en cosas aburridas y bien remuneradas.
Sufíes, taoístas, budistas zen y otros han dicho lo mismo: convertir lo ordinario en extraordinario, esa es la clave. Es lo que la moderna psicología llama conocimiento S.
El instante sin nombre, sin etiqueta sin mancha en lo cotidiando, en lo casual, en lo que nos quede por vivir. El asombro de lo que se percibe como nuevo siendo viejo, la inocencia en la mirada hacen de ese instante el único posible.
La pequeña higuera; un día planté una higuera, era preciosa, creció como sólo las higueras saben hacerlo. Un día curra, mi perra labrador, se le antojó comer lo que olía tan bien; la dejó destrozada, sólo unas raíces. Esa higuera era especial para mí; así que planté lo que quedaba de ella en una maceta y la cuidé bien. Poco a poco la he ido viendo crecer al resguardo de la boca de curra. Ayer, cuando la regaba, vi que está llena de frutos, de pequeños higos. Ese instante sin tiempo es el metal pesado convertido en oro.
Me gusta la palabra alquimista, nunca imaginé que me convertiría en uno de ellos.
Sed felices o, al menos, intentadlo.





